
"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco."
Así empieza "El guardián entre el centeno" ("The catcher in the rye"), obra cumbre de este autor tan desconocido (¿alguien sabría decir algo más de él aparte de haber escrito este libro?), que falleció el pasado miércoles, por causas naturales, en la casa de New Hampshire donde se retiró huyendo del éxito mediático de su libro, en 1953.
Holden Cauldfield se queda huérfano, como todos los que a lo largo de estos años leímos el libro y nos sentimos identificados con ese adolescente víctima de los miedos e inseguridades propios de esa etapa, reconociéndonos en él y alegrándonos de ver que no estábamos solos, que ahí fuera había más como nosotros.
Sobre Salinger se ha dicho muy poco, principalmente porque él mismo se pasó la vida huyendo de los medios, buscando el anonimato. A pesar de todo, en la página de El País han hecho un buen trabajo de campo y ofrecen numerosos artículos sobre su vida y obra con motivo de su fallecimiento para ayudarnos a entender un poco más a este Salinger-Caulfield que tantas adolescencias marcó y sigue marcando.
Descanse en paz.


No hay comentarios:
Publicar un comentario